Gracias a su capacidad para ocupar distintos espacios, retrasar su posición para participar en la elaboración y elegir el momento adecuado para acelerar los ataques de Noruega, Odegaard abrió líneas de pase y generó espacios para sus compañeros. Esa libertad de movimientos le permitió influir de manera determinante en el juego de su selección, tanto con balón como sin él, con independencia de la zona del campo en la que actuara.
VER EL ANÁLISIS DE PABLO ZABALETA
Con la posesión: ocupación de los espacios intermedios
«Odegaard participó prácticamente en todo el juego de Noruega en este partido, sobre todo por su influencia con balón —explica Zabaleta—. Cuando aparecía en esos espacios intermedios, entre la línea del centro del campo y la línea defensiva, generaba muchas dificultades a la zaga de Costa de Marfil. Si lo dejaban libre para recibir, podía girarse y encarar; si un defensor saltaba a presionarlo, se abría hueco para que el delantero Erling Haaland atacara la espalda de la última línea».
Los datos del partido refuerzan la influencia de Odegaard en las fases de posesión de su equipo. Según el gráfico 2, participó en siete secuencias de juego que terminaron en remate, más que cualquier otro jugador del encuentro. Este dato refleja el peso que tuvo en el juego ofensivo de Noruega.
El primer vídeo sirve a Zabaleta para destacar la inteligencia táctica de Odegaard y su capacidad para detectar dónde se encontraba el espacio. Su movilidad constante le permite generar superioridades, abrir líneas de pase y ofrecerse continuamente para recibir el balón. Cuando recibe con espacio, puede dar continuidad al juego mediante la conducción o el pase a un compañero.
«Odegaard es un jugador muy inteligente. Siempre sabe dónde está el espacio y busca aparecer entre líneas, sobre todo en zonas del lado derecho. Tiene capacidad para conducir el balón hasta el área y convertirse en una opción más de ataque».
Retraso posicional
Cuando Costa de Marfil ajustó su planteamiento defensivo, redujo los espacios entre líneas y defendió con un bloque más compacto, Odegaard retrasó su posición para generar una superioridad numérica durante la fase de elaboración. Al situarse a la altura de los centrales, en ocasiones arrastraba a un centrocampista rival fuera de su posición, lo que abría líneas de pase hacia Patrick Berg (6) o Sander Berge (8), que podían adelantarse mientras Odegaard permanecía en posiciones más retrasadas. La clave estaba en que, cuando el rival cerraba los espacios, siempre encontraba el momento y la zona adecuados para moverse, volver a abrirlos y generar ventajas para sus compañeros. Adaptaba constantemente su posicionamiento al comportamiento defensivo de Costa de Marfil.
A partir del segundo vídeo, Zabaleta describe la libertad de movimientos de Odegaard y su capacidad para controlar el ritmo del partido desde posiciones más retrasadas.
«Odegaard no solo destaca por su capacidad para jugar entre líneas como mediapunta. También tiene libertad para asumir el protagonismo y entrar en contacto con el balón en distintas zonas del campo, con la paciencia necesaria para decidir y manejar el ritmo del juego: sabe cuándo jugar hacia delante y cuándo jugar hacia atrás. Cuando ocupa esas posiciones más retrasadas, desde las que dirige muy bien la elaboración, Berg (6), Berge (8) y el resto de centrocampistas pueden adelantar un poco su posición. Su paciencia puede obligar al rival a salir de su estructura, y entonces él encuentra pases filtrados para superar líneas. También se aprecia que, después de jugar hacia delante, acompaña la acción y llega a zonas cercanas a la frontal del área. Nunca se esconde y siempre ofrece una línea de pase».
Juego posicional: transiciones rápidas
El inteligente juego posicional de Odegaard no solo benefició a Noruega cuando tenía el balón. Su influencia también fue determinante tras la pérdida y durante las fases sin posesión. Su capacidad para interpretar los cambios de fase resultó igualmente fundamental. El tercer vídeo permite a Zabaleta destacar la rapidez mental y la concentración de Odegaard en los momentos de transición, así como su velocidad de reacción para pasar del ataque a la defensa y, de inmediato, volver a incorporarse al ataque.
«Esta acción muestra con claridad cómo Odegaard retrasa su posición para recibir el balón. Una vez más, demuestra su capacidad para situarse a la espalda de la primera línea de presión y ofrecer una línea de pase por detrás de los jugadores que abandonan su posición para presionar la salida de balón. También se aprecia su reacción cuando surge la oportunidad de recuperar el balón y, de nuevo, cómo acompaña al equipo en la progresión».
Sin la posesión: activación de la presión y la presión tras pérdida
Su compromiso, su despliegue físico y su determinación para recuperar el balón son otras de las cualidades que definen al capitán de Noruega. El liderazgo que ejerce con balón también se refleja cuando el equipo no lo tiene. En el partido frente a Costa de Marfil, fue el jugador noruego que más acciones de presión realizó (37), y las llevó a cabo en todas las zonas del terreno de juego.
Ese trabajo solidario al servicio del equipo también llamó la atención de Zabaleta, que utiliza el cuarto vídeo para destacar esta faceta.
«Otra de las cualidades que más valoro de Odegaard es su capacidad para activar la presión tras pérdida cada vez que Noruega pierde el balón. Con frecuencia es el jugador que inicia la presión y su trabajo sin balón es extraordinario. Se aprecia cómo vigila las rupturas de los rivales, cierra las líneas de pase hacia delante y lidera al equipo con el ejemplo».
Resumen
En palabras de Zabaleta, la actuación de Odegaard fue el ejemplo de un jugador completo, siempre al servicio del equipo.
«El partido de Odegaard ante Costa de Marfil fue extraordinario, sencillamente porque tuvo influencia en todo el juego de Noruega. Con balón, fue el organizador del ataque de Noruega; mostró personalidad para asumir el protagonismo y resultó determinante en la creación. Sin balón, mantuvo el mismo grado de compromiso. Siempre fue el primero en iniciar la presión tras pérdida, una de las facetas más sobresalientes de su rendimiento».