#Copa Mundial de la FIFA 2026™

México: dominio del último tercio

FIFA, 16-6-2026

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La coanfitriona México inició su andadura en la Copa Mundial de la FIFA 2026™ con una victoria por 2-0 frente a Sudáfrica. Un aspecto destacado del partido de los norteamericanos fue su capacidad para dominar el último tercio con y sin balón.

En este artículo táctico, Aron Winter, experto del Grupo de Estudio Técnico de la FIFA, explica los principios fundamentales del planteamiento de México, que buscaba generar ocasiones de gol mediante una presión alta sin balón y rápidas combinaciones una vez recuperada la pelota. Winter analiza la compenetración, la comunicación y la claridad de funciones entre los delanteros y centrocampistas mexicanos, y cómo estos trabajaron en plena sintonía partiendo de un 4-4-2 (en rombo) sin el balón y de un 4-2-3-1 con la posesión.

Presión alta con un 4-4-2 (en rombo)

Una de las principales características del juego de posesión de la Sudáfrica entrenada por Hugo Broos es su predilección por salir con el balón jugado desde atrás. Desde un primer momento, México mostró una clara intención de desbaratar esta estrategia mediante una presión alta intensa y organizada a partir de un esquema 4-4-2 (en rombo).

Principios fundamentales de la presión alta de México:

  • Permitir el primer pase: dos atacantes se colocaban en posiciones muy adelantadas. La función del atacante del lado del balón era ejercer una presión inicial directa sobre el central que recibiera la pelota. Por su parte, el segundo delantero se debía colocar de tal modo que pudiera presionar al instante al guardameta en caso de que este recibiera el balón de vuelta.

  • Impedir pases entre líneas por el carril central: los jugadores situados en las puntas superior e inferior del rombo tenían la tarea de fijar a los mediocentros sudafricanos y asegurarse de que no tuvieran opciones de recibir el balón por el carril central.

  • Obligar a abrir el balón a las bandas: los jugadores situados a cada lado del rombo tenían una doble función, esto es, reforzar la protección del carril central y presionar por sus respectivas bandas si el adversario enviaba el balón al lateral en dichas zonas.

  • Defender los balones en largo: la defensa de cuatro mexicana permanecía en su propio campo y se movía en bloque. De este modo, si Sudáfrica recurría a balones en largo en alguna fase del juego, especialmente en caso de superar la presión alta, México estaba en su sitio para defenderlos.

Los datos proporcionados por el equipo de Perspectivas del Rendimiento Futbolístico de la FIFA respaldan el protagonismo de los delanteros y centrocampistas mexicanos a la hora de iniciar la presión. Julián Quiñones (16) y Raúl Jiménez (9), los dos jugadores más adelantados en la presión alta, registraron el mayor volumen de acciones individuales de presión. Por su parte, los cuatro jugadores que formaban el rombo (Álvaro Fidalgo, Érick Gutiérrez, Roberto Alvarado y Érik Lira) también ocuparon la parte alta de la clasificación en esta faceta.

Mecanismos de la presión 
En el primer vídeo se aprecia la determinación y los mecanismos de la presión alta mexicana desde el mismo saque inicial. En el momento en que Sudáfrica retrasa el balón hasta su guardameta, México adelanta posiciones. En cuanto los sudafricanos se disponen a elaborar la jugada, México se organiza al instante en un 4-4-2 (en rombo) en el que los jugadores adaptan rápidamente su posición conforme a sus respectivas responsabilidades. Fidalgo realiza un marcaje individual sobre Yaya Sithole (13), consciente de que el centrocampista defensivo de Sudáfrica es una pieza fundamental en la elaboración del juego de su selección por el carril central. Aunque México permite el primer pase, esta acción desencadena una intensa presión que cierra las líneas de pase del guardameta y los centrales sudafricanos.

En cuanto se juega el balón, Jiménez (9) salta a presionar para cerrar el pase hacia delante. A su vez, los jugadores situados a cada lado del rombo se colocan de tal modo que puedan presionar cualquier envío dirigido a los centrales sudafricanos. Con todas las líneas de pase cerradas, el balón vuelve al guardameta. Ahora es el segundo delantero, Quiñones (16), quien se ha desplazado hasta una zona más central para cerrar el pase hacia el centrocampista defensivo Sithole (13). Y lo que es aún más importante, Quiñones también está en condiciones de presionar al guardameta, que se ve obligado a jugar con Sithole. Sin embargo, Fidalgo intuye el pase e intercepta el balón. Esta acción dejó entrever desde un primer momento las intenciones de México con su estrategia de presión.

Primer vídeo: las intenciones de México de ejercer una presión alta con un 4-4-2 (en rombo) quedaron claras desde el mismo saque inicial.

Gol de México tras una presión alta 
En el segundo vídeo vemos otro ejemplo de cómo se aplicaron los principios de la estrategia de presión alta. En este caso, la selección mexicana logra marcar tras recuperar el balón, a pesar de no estar perfectamente organizada desde el punto de vista táctico. En cuanto la pelota llega al guardameta sudafricano procedente de un saque de banda, Lira trata de organizar a los compañeros que tiene por delante. Al darse cuenta de que no hay nadie disponible para presionar a Sithole (13), el centrocampista defensivo mexicano no duda en abandonar su propia marca para impedir que el sudafricano se gire con el balón. El guardameta ve libre a su compañero y trata de jugar con él. Sin embargo, gracias a su velocidad y capacidad de anticipación, Lira sale a presionar desde atrás y logra robar el balón. Quiñones (16) reacciona al instante, controla la pelota y marca.

Segundo vídeo: la inteligencia táctica del centrocampista mexicano Lira (6) y su predisposición para desempeñar un papel importante en su equipo propician un robo de balón decisivo que acaba en gol.

Dominio del último tercio con la posesión del balón

Los jugadores mexicanos mantuvieron en todo momento un bloque compacto, una táctica que resultó beneficiosa al atacar en el último tercio. Un aspecto destacado de los cuatro jugadores que encabezaban el 4-2-3-1 con la posesión fueron los movimientos encaminados a fijar a los defensores y generar espacios para posibilitar desmarques en carrera desde posiciones retrasadas.

En el tercer vídeo vemos la compenetración entre los cuatro atacantes en cuanto Fidalgo (8) recupera el balón. Su deseo de jugar hacia delante y buscar desmarques desde atrás provocan el caos entre los defensores sudafricanos, que se ven arrastrados fuera de su posición y dejan grandes espacios en su línea defensiva. Los jugadores mexicanos que se suman al ataque desde posiciones retrasadas generan una ocasión de gol muy peligrosa.

Tercer vídeo: los desmarques cruzados de los cuatro jugadores de ataque mexicanos desbaratan la línea defensiva sudafricana y generan espacios para las internadas de sus compañeros.

Movimientos para adentrarse en el último tercio 
México también realizó movimientos ofensivos deliberados a fin de internarse en el último tercio. En el cuarto vídeo, vemos la compenetración entre los delanteros Jiménez (9) y Gutiérrez (26), que ejecutan contramovimientos para generar espacios.

Jiménez retrasa su posición hasta el espacio existente entre el centro del campo y la línea defensiva de Sudáfrica, con lo que arrastra al central. De este modo, genera un espacio por el que Gutiérrez puede penetrar sin oposición por el lado ciego de dicho central, superar la línea defensiva y esprintar hacia el balón. El defensor se ve obligado a hacerle una entrada por detrás y acaba expulsado.

Cuarto vídeo: el juego ofensivo coordinado de los cuatro atacantes mexicanos genera espacios a la espalda de la línea defensiva y en el último tercio.

Resumen

La capacidad de México para dominar el último tercio con y sin balón fue consecuencia directa del grado de comprensión que mostraron sus jugadores con respecto a sus funciones. A pesar de jugar con diferentes esquemas o formaciones con y sin la pelota, los jugadores tenían claras cuáles eran sus responsabilidades y las de sus compañeros. Esta claridad de funciones les permitió cubrirse entre sí e intercambiar posiciones sin poner en peligro la estrategia, circunstancia que resultó decisiva para que lograran la victoria en el partido.

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