#Copa Mundial Femenina de Futsal de la FIFA 2025

El equipo de Perspectivas del Rendimiento Futbolístico repasa la Copa Mundial Femenina de Futsal de la FIFA 2025™

FIFA, 8-4-2026

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Los datos recopilados durante la Copa Mundial Femenina de Futsal de la FIFA Filipinas 2025™ —desde la forma en que se marcaron los goles hasta las rotaciones de jugadoras de las selecciones— sirven como referencia para ediciones futuras.

La edición inaugural de la Copa Mundial Femenina de Futsal de la FIFA™ ha supuesto para el equipo de Perspectivas del Rendimiento Futbolístico la oportunidad de aplicar su estrategia de recopilación sistemática de datos a esta nueva competición. De este modo, se favorece una comprensión empírica más profunda del futsal de élite femenino a escala internacional. El siguiente artículo resume una serie de conclusiones a partir de los datos recopilados, relativas a cuestiones como los goles anotados, las recuperaciones de balón o las sustituciones, entre otras.

Resumen estadístico del equipo de Perspectivas del Rendimiento Futbolístico

  • 105 de los 200 goles anotados con el balón en juego se consiguieron con un remate de primeras, lo que demuestra la importancia de este tipo de finalización en la élite internacional.

  • 100 fue la media de sustituciones efectuadas por Canadá en cada partido, dato superior al de cualquier otra selección.

  • 33 es la media de edad de la selección brasileña campeona del torneo, que fue el combinado más veterano de esta edición inaugural.

  • 2 fueron los partidos en los que la selección que marcó primero acabó perdiendo, mientras que en los 30 encuentros restantes, el equipo que se adelantó terminó ganando el choque.

Goles en fase ofensiva y conservación de la ventaja

En los 32 partidos de esta edición inaugural del torneo se marcaron 210 goles (una media de 6.6 por encuentro). Casi una tercera parte del total llegó en fases ofensivas; esto es, cuando el equipo con balón había conseguido avanzar hasta campo contrario en conducción o con un envío y había dado al menos un pase en dicha mitad de la cancha.

Un elevado porcentaje de goles en fase ofensiva indica que los equipos con balón se encontraron a menudo con tiempo para trenzar una jugada de ataque en campo contrario, habitualmente contra un bloque bajo. Con 32 dianas en seis partidos y un impresionante índice de acierto del 11 %, Brasil fue la segunda selección más goleadora, y la que más tantos consiguió en fase ofensiva (13). El GET observó que Brasil tendió a evitar el contraataque cuando recuperaba en su propio campo. En su lugar, optaron por avanzar hasta campo contrario elaborando el juego y confiando en su capacidad de desestabilizar bloques bajos, y los 13 goles que consiguieron en fase ofensiva son el reflejo de esta tendencia táctica.

En este Mundial, las selecciones que se adelantaron en el marcador generalmente lograron ampliar su ventaja, y un 68 % de los 210 tantos marcados los anotaron equipos que ya iban ganando. Solo en dos encuentros acabó perdiendo el combinado que marcó primero.

Jugadas de posesión

Se entiende «jugada» como una fase continua del juego en la que un equipo está en posesión de la pelota —una secuencia de pases que termina en tiro a puerta es un ejemplo de jugada—, y que termina cuando el equipo en posesión pierde el balón (p. ej. porque sale fuera o porque el rival lo intercepta). La FIFA utiliza las jugadas para determinar la media de pases y el número de disparos a puerta por fase de posesión. La medición por jugadas no tiene en cuenta los momentos en los que las selecciones utilizan a una guardameta de jugadora, dado que esto puede «inflar» los datos en favor del equipo atacante.

La media de pases por fase de posesión durante el torneo fue de 5.7, aunque el dato fue muy superior en el caso de las finalistas, Portugal y Brasil, dado que ambas selecciones promediaron más de 10 pases por jugada. Algunos de los equipos eliminados en fase de grupos, por el contrario, dieron una media de tres pases o menos por jugada. El objetivo de tener la posesión es crear ocasiones de gol, y Brasil sobresalió en este sentido al promediar una ocasión de gol por jugada de posesión, lo que apunta a una filosofía de juego pragmática en ataque.

Presión alta y recuperación del balón

Según las principales observaciones del GET, en Filipinas los equipos mostraron diversas formas de recuperar la posesión cuando el balón estaba en juego. Varias de las selecciones participantes optaron por la presión alta en las zonas 3 y 4 para provocar pérdidas de balón del rival, mientras que otras escogieron una estrategia menos activa que las llevaba a esperar la pérdida del contrario en las zonas 1 y 2 formando un bloque compacto.

España fue una de las selecciones que más destacó por su capacidad de recuperar la posesión con el balón en juego, y quedó cuarta en número de balones recuperados por cada 40 minutos, con una media de 17.3. Las terceras clasificadas también fueron las más rápidas en recuperar la posesión (4.6 segundos de media) y las que más presiones altas efectuaron por partido (13). Además, recuperaron la posesión interceptando la pelota en el 64 % de las ocasiones, en lugar de bloquear acciones del contrario o de entrar al rival. Todas estas métricas permiten elaborar un perfil defensivo basado en la intensidad y la persistencia de cada selección.

Los equipos optaron por diversas estrategias defensivas. Brasil, por ejemplo, adoptó una estrategia de presión que priorizaba el cierre anticipado de líneas de pase.
España, en cambio, ejecutó una agresiva presión alta para forzar errores del contrario.

Brasil mostró, además, una gran capacidad colectiva para recuperar la posesión, y quedó segunda en número total de recuperaciones, por delante de España. Sin embargo, las campeonas quedaron en la mitad de tabla en lo que respecta al número medio de acciones de presión alta, y necesitaron más tiempo que las españolas para robar la pelota. Por otra parte, casi la mitad de los robos de balón brasileños se produjeron mediante bloqueo o entrada. Todos estos datos denotan una estrategia basada en una presión selectiva y en recuperaciones defensivas controladas, más que en reacciones inmediatas y constantes. Mientras España intentaba presionar al rival arriba, Brasil se decantó por una organización posicional que tapaba líneas de pase claves. Ambos mecanismos dieron sus frutos.

Saques de banda

De los 210 goles anotados en Manila, 28 llegaron como resultado de saques de banda en campo contrario. Polonia y Canadá fueron las que más acciones a balón parado de este tipo generaron por partido (56), y la anfitriona Filipinas, la que más insistió en ellas, con 19 ocasiones de gol a partir de saques de banda propios. Pese a ello, y como vimos en el análisis sobre jugadas anterior, la cantidad no es, por sí sola, garantía de éxito. Por ejemplo, 12.5 de los saques de banda en campo contrario de Brasil terminaron en tiro a puerta, lo que sitúa a las sudamericanas en el rango medio de esta métrica. Sin embargo, las campeonas consiguieron más goles tras saque de banda (10) que ningún otro combinado.

Edad de las jugadoras y sustituciones

Brasil fue la selección más veterana del torneo, con un promedio de edad de 33 años, seis por encima de la media del torneo (27). Esto denota la preferencia de Sabóia por contar con un equipo ganador y experimentado. En el otro extremo encontramos a Tanzania, con 20 años de edad promedio.

En cuanto a sustituciones, se observaron dos tendencias principales desde los banquillos: la de confiar en un número reducido de jugadoras y la de introducir frecuentes rotaciones. Canadá fue la que más apostó por la segunda, al superar los 100 cambios por partido de media. A Tanzania, en cambio, la encontramos en la cara opuesta, con tan solo 38. Curiosamente, el número medio de sustituciones por partido fue relativamente similar en las cuatro semifinalistas, y ninguna de ellas era muy tendente a rotar.

También varió según el equipo el número de sustituciones realizado en cada ocasión. Panamá, por ejemplo, tendió a sustituir a una o dos jugadoras cada vez, mientras que Japón o Nueva Zelanda aprovecharon cada ocasión para introducir tres o cuatro cambios. Brasil, por su parte, cambió a dos jugadoras por ocasión (36 veces, un 11 % del total de sus sustituciones).

Además, varias selecciones apostaron por el cambio de parejas fijas a lo largo del torneo, como la formada por las brasileñas Débora Vanin y Emilly, involucradas en la misma sustitución en 31 ocasiones, o la de las argentinas Lara Villalba y Silvina Nava, con 24 sustituciones.

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