Las expertas del Grupo de Estudio Técnico (GET) Rajaa Chatah y Tihana Nemčić Bojić analizan en este artículo por qué la lectura colectiva del juego y un repertorio completo de habilidades resultan esenciales para obtener buenos resultados en la élite. A partir de los encuentros de la Copa Mundial Femenina de Futsal de la FIFA™, torneo que están observando en Filipinas, las dos expertas revelan cómo estos dos aspectos sientan las bases de la adaptabilidad de un equipo.
Conclusiones principales
-
Las jugadoras que tienen un repertorio completo de habilidades y avanzadas competencias técnicas, tácticas, fisiológicas y psicológicas están causando sensación entre las integrantes del GET presentes en la Copa Mundial Femenina de Futsal de la FIFA™.
- Además, las selecciones que emplean distintos grados de sincronización táctica están cosechando magníficos resultados en el torneo.
-
Contar con jugadoras completas y una buena sincronización resulta esencial para la adaptabilidad, una característica fundamental de los equipos que llegan a las últimas rondas de las competiciones.
Desarrollar un repertorio integral de habilidades mediante entrenamientos basados en el juego
En el futsal de élite, las jugadoras deben poseer un grado de habilidad técnica que les permita ejecutar acciones tácticas en el terreno de juego. En los Torneos de Futsal de los Juegos Olímpicos de la Juventud de 2018 —la última competición de futsal femenino que analizó el GET—, una de las conclusiones principales que extrajo el grupo de expertos fue que los equipos intentaban desplegar estrategias tácticas sin disponer de la técnica necesaria. Actualmente, en Filipinas, varias selecciones están mostrando una excelencia técnica que sirve de referente a aquellas que pelean por alcanzar la cima de este deporte.
En cualquier caso, los aspectos que definen a una jugadora completa transcienden la técnica, como explica Chatah, instructora de futsal de élite en la AFC y supervisora para el desarrollo del futsal femenino en la Federación de Fútbol de Arabia Saudí.
«Las selecciones que juegan bien en equipo son muy similares, en el sentido de que cuentan con jugadoras completas. Son jugadoras que dominan todos los elementos que se entrenan: el técnico, el táctico, el fisiológico y el psicológico. Poseen las cualidades físicas y cognitivas esenciales, como la velocidad, la fuerza, la movilidad, la intensidad, la agilidad, la reacción, la toma de decisiones y la percepción espacial. Todos estos elementos repercuten en la ejecución técnica y táctica. Disponer de jugadoras con estas cualidades es lo que diferencia a las mejores selecciones del resto de participantes».
¿Cómo pueden alcanzar las jugadoras este grado de habilidad? Adoptar una metodología de entrenamiento que sumerja a las jugadoras en situaciones de juego reales resulta fundamental para su desarrollo integral, explica Nemčić Bojić, que también dirige a la selección femenina de futsal de Croacia.
Los ejercicios de entrenamiento no son independientes: siempre tienen un contexto táctico que está relacionado con el partido.
«Incluso en las rutinas de calentamiento, observamos a selecciones punteras como Japón y Brasil realizar ejercicios que se enmarcan en el contexto del partido. El cuerpo técnico elige ejercicios que ponen a sus jugadoras en situaciones que se van a encontrar después en el campo. Esto se plasma también en la manera de entrenar. Sus ejercicios de entrenamiento no son independientes: siempre tienen un contexto táctico que está relacionado con el partido. En el concepto más amplio del desarrollo del talento, los fundamentos técnicos se deben asentar entre los diez y los doce años. Pero, a partir de esa edad, las jugadoras tienen que emplear sus recursos técnicos en el contexto del espacio y el tiempo de los partidos», añade Nemčić Bojić.
Inculcar distintos grados de sincronización en un equipo
Pasar el foco de la habilidad individual al sentido de la cooperación entre más de una jugadora nos revela otro aspecto del rendimiento que están mostrando las mejores selecciones en el presente Mundial.
En opinión de Nemčić Bojić, existen tres grados de sincronización en un equipo, tanto en la fase ofensiva como en la fase defensiva del juego, y cada uno de ellos permite resolver de maneras distintas los problemas que plantea el rival:
-
Individualmente: todo aquello que una jugadora hace por sí misma, como encarar a una defensora cuando tiene el balón para intentar superarla y rematar o realizar una entrada, interceptar un pase y marcar bien a sus rivales cuando no tiene la posesión. Se valora mucho a las jugadoras que poseen una gran técnica individual, puesto que son capaces de resolver algunas situaciones de la manera más eficaz posible.
-
En grupo: todas aquellas acciones que llevan a cabo juntas dos o tres jugadoras, como desdoblar por dentro o por fuera y cerrar pases en paralelo o en diagonal. Este grado de sincronización proporciona numerosas soluciones a los problemas que se plantean durante un partido.
-
En conjunto: todas aquellas acciones que lleva a cabo el equipo al completo, como intercambiar posiciones en función del sistema ofensivo, defender en bloque o presionar, o marcar en zona o de manera individual. Este es el grado más alto de cooperación, pues requiere que todas las jugadoras estén sincronizadas.
«Cuando las jugadoras descubren que existen estos grados de sincronización y aprenden a aplicarlos durante los partidos, empiezan a reconocer qué requiere cada situación y llevan a cabo la acción de manera instintiva, sin necesidad de verbalizar su intención —explica Nemčić Bojić, que también ejerce de profesora adjunta de la Universidad de Zagreb—. Ni siquiera tienen que esperar la orden de la seleccionadora: detectan la oportunidad y ellas mismas aplican estas soluciones. Si las jugadoras desconocen las soluciones colectivas, acabarán aplicando soluciones individuales a estos problemas, lo cual no resulta sencillo».
«Si nos fijamos en cómo se pasan y reciben el balón dos jugadoras, observamos que esa es su manera de decirse algo, de comunicarse. Del mismo modo que nosotras nos comunicamos hablando y escuchando, ellas lo hacen mediante el pase y la recepción. La comunicación entre dos jugadoras es vital, porque cuando aprenden que las une un vínculo, ya no tienen que pararse a pensar: la comunicación ocurre de manera intuitiva».
Flexibilidad táctica: el resultado
¿Qué sucede cuando confluyen una destacada técnica individual con un sentido colectivo común? Juntos, estos elementos permiten a un equipo llevar a cabo dos tareas extraordinariamente bien:
-
Actuar con arreglo a un estilo de juego claramente definido.
-
Ajustar ese estilo para responder a las dificultades concretas que plantea cada rival.
Esta adaptabilidad es más valiosa si cabe en grandes competiciones como el Mundial, donde los equipos se enfrentan a contrincantes de todo el mundo, con planteamientos tácticos muy distintos. Como apunta Chatah, llegar lejos en estas competiciones suele depender de la eficacia con la que cada equipo maneja esta diversidad.
«Todo depende de la creatividad del equipo en el terreno de juego y de su capacidad para encontrar soluciones nuevas a problemas desconocidos, tanto en el transcurso de un partido como de un encuentro a otro. Durante un torneo, te mides a rivales muy distintos, por lo que la capacidad para adaptarte a cada situación es fundamental».
Chatah y Nemčić Bojić insisten en que la adaptabilidad que tanto valoran los entrenadores depende de una combinación de calidad individual y percepción colectiva. Esta mezcla permite a las jugadoras leer el juego con más profundidad y mayor frecuencia, lo que las sitúa un paso por delante de sus rivales. Los mejores equipos están sincronizados hasta tal punto que cada jugadora detecta la solución exacta a una situación determinada sin necesidad de hablar; todas tienen un conocimiento común e intuitivo que se ha desarrollado con el tiempo en los entrenamientos basados en el juego.