#Copa Mundial Femenina de Futsal de la FIFA 2025

«Intentaré ganar la segunda, pero la primera ya es nuestra».
Wilson Sabóia, sobre la conquista de la primera Copa Mundial Femenina de Futsal de la FIFA™

FIFA, 8-4-2026

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En diciembre de 2025, la selección brasileña dirigida por Wilson Sabóia se proclamó campeona de la primera Copa Mundial Femenina de Futsal de la FIFA™. El Grupo de Estudio Técnico tuvo la oportunidad de entrevistar al seleccionador para analizar las claves del título conseguido en esta edición histórica.

En la final, la selección brasileña superó a Portugal por 0-3 y completó una actuación excepcional en Manila (Filipinas). El conjunto sudamericano combinó eficacia ofensiva con solidez defensiva, y registró 32 goles a favor y solo cuatro en contra. La elegancia y el respeto por el juego definieron su trayectoria y le valieron el Premio Fair Play de la FIFA. A continuación, Sabóia repasa la preparación, el diseño de los entrenamientos y la gestión del grupo que marcaron el recorrido de Brasil en la competición.

Antes de la competición: convocatoria, peso del colectivo y método situacional

¿Cómo fue el trabajo durante los doce meses previos a la competición y cómo les ayudó esa preparación a gestionar imprevistos en Filipinas?

Wilson Sabóia: En realidad, la preparación se extendió a lo largo de 36 meses, el periodo que transcurrió desde que la CBF asumió realmente la dirección del futsal brasileño hasta la Copa Mundial de 2025. En esos tres años, todo el proyecto se diseñó pensando en ese objetivo. En los últimos doce meses trabajamos con un grupo de 48 jugadoras, ocho de ellas porteras. El analista de rendimiento realizó un seguimiento de ese grupo durante diez meses y evaluó aspectos técnicos, tácticos y físicos, además del historial de lesiones, para perfilar la selección definitiva.

Hubo decisiones que no tomamos hasta la última semana, como elegir entre dos o tres porteras o dos o tres pívots. Teníamos algunas dudas, pero finalmente optamos por dos porteras porque, por nuestro modelo de juego, preveíamos dominar la posesión y conceder solo cinco o seis remates por partido.

Por eso era preciso encontrar un buen equilibrio entre la fase ofensiva y la defensiva. Estábamos convencidos de haber acertado al elegir a dos porteras de gran rendimiento: ambas ofrecían seguridad bajo palos y buen juego de pies, lo que nos permitió introducir variantes tácticas en nuestro modelo de 5 contra 4, frente a bloques bajos y ante presiones altas.

Iniciamos el seguimiento de las 48 jugadoras en febrero de 2025 y lo mantuvimos hasta el 24 de septiembre, cuando fijamos la lista definitiva de catorce convocadas. La principal preocupación fueron las lesiones. El riesgo siempre estuvo presente, pero no se produjeron casos graves. Cuidamos especialmente la planificación física y técnica, que comenzó el 20 de octubre, con el objetivo de reducir ese riesgo. De las catorce jugadoras seleccionadas, solo una sufrió una lesión durante la competición (un desgarro muscular); el equipo médico consideró viable su recuperación mediante fisioterapia, por lo que se mantuvo en el grupo hasta la final del Mundial, el 7 de diciembre.

Ha mencionado que el grupo inicial lo componían 48 jugadoras, una base amplia. ¿Qué criterios fijaron la selección definitiva?

Los criterios principales fueron técnicos, tácticos, ofensivos, defensivos, físicos, conductuales y cognitivos; estos últimos entendidos como la comprensión de la filosofía que define el ADN de la selección brasileña. La mayoría de las jugadoras llevaba tiempo con nosotros y ya interpretaba bien nuestro modelo de juego. Aunque trabajamos juntos durante 52 días, necesitábamos perfiles que ya integraran esas cualidades.

Obviamente, hubo dudas en algunas posiciones, pero la experiencia, la madurez y la cohesión del grupo resultaron determinantes. No se trataba solo de definir un quinteto inicial, sino de conformar un plantel en el que todas creyeran en nuestra propuesta. Buscábamos también jugadoras competitivas, con títulos en el ámbito de clubes y de selección, y con una ambición sostenida por ganar. Esos fueron los criterios que guiaron la elección final.

Naturalmente, si diez técnicos elaboraran una convocatoria de Brasil, probablemente habría diez versiones distintas. Nosotros optamos por estas catorce jugadoras porque respondían a las exigencias técnicas y tácticas del modelo de juego de nuestra selección.

¿Cómo encontró el equilibrio entre la organización colectiva y la libertad individual?

Nuestro equipo atesora una enorme calidad individual, con jugadoras que están entre las mejores del mundo. Sin embargo, entendemos que esas intervenciones deben nacer de una estructura colectiva. El futsal es un deporte de equipo que se expresa a través del talento individual. En el diálogo con las jugadoras detectamos que, en determinados momentos de los partidos o los entrenamientos, necesitábamos perfiles capaces de asumir acciones directas. Aun así, lo prioritario era que todas entendieran el funcionamiento general. Lo individual puede marcar diferencias, pero siempre dentro de una estructura compartida.

En varias fases del juego aparecieron acciones decisivas que partían de ese equilibrio. Los últimos siete goles —cuatro ante España y tres ante Portugal— son un buen ejemplo: nacen de dinámicas colectivas que desembocan en resoluciones individuales. En el primer gol contra Portugal participaron las cuatro jugadoras de campo: Taty inicia con el bloqueo, Amandinha conduce y da el pase, Ana Luiza recibe y protege para generar espacio entre líneas y Emilly llega desde la banda para finalizar.

El futsal actual es, en esencia, un deporte colectivo que se expresa a través de acciones individuales. Es importante entender que, aunque un buen ataque puede resolver un partido, la solidez defensiva determina el éxito en una competición.

El futsal actual es, en esencia, un deporte colectivo que se expresa a través de acciones individuales. Es importante entender que, aunque un buen ataque puede resolver un partido, la solidez defensiva determina el éxito en una competición. Por eso, centramos gran parte del trabajo en esa fase. Contábamos con un equipo de perfil ofensivo, pero necesitábamos que las jugadoras asumieran que defender tenía el mismo peso que atacar. Anotamos 32 goles y encajamos solo cuatro a lo largo de la competición.

La calidad individual es un factor importante en el futsal, pero el rendimiento no se limita a recibir y pasar el balón: las cinco jugadoras que están en la pista deben coordinar sus movimientos para generar ventajas y superar la defensa rival. Esa comprensión era clave para nosotros, porque fuimos el equipo más analizado del campeonato. Todos los rivales estudiaron nuestras dinámicas y trataron de neutralizarlas mediante ajustes defensivos y ayudas constantes. Todos sin excepción.

En ese contexto, la fortaleza como equipo debía formar parte esencial de nuestro ADN. A partir de esa base aparece el talento individual, con jugadoras como Emilly, Amandinha, Débora, Taty y Ana Luiza, capaces de desequilibrar en momentos concretos, siempre dentro de la estructura del equipo. Insistimos en que un buen ataque puede ganar un partido, pero es la solidez defensiva la que determina el éxito en una competición.

Para Sabóia, el colectivo es la base sobre la que se apoya el talento individual. En el primer gol de Brasil en la final, las cuatro jugadoras de campo participaron en la secuencia que culminó en el remate.

Cada uno de los últimos siete goles —cuatro ante España en semifinales y tres ante Portugal— respondió a una acción colectiva con resolución individual. En el primer gol contra Portugal participaron las cuatro jugadoras de campo: Taty inicia con el bloqueo, Amandinha conduce y da el pase, Ana Luiza recibe y protege para generar espacio entre líneas y Emilly llega desde la banda para rematar. Las cuatro intervinieron en la jugada. Reforzamos este mensaje de forma constante, con análisis en vídeo y trabajo posicional en los entrenamientos: la iniciativa individual debía surgir en el momento adecuado, pero el sistema tenía que sostener la organización. En ataque exigíamos inteligencia; en defensa, rigor y capacidad de recuperación. El grupo interiorizó ese planteamiento.

¿Qué principio es innegociable en su modelo de juego?

El equipo como unidad, el colectivo. Contamos con jugadoras de calidad incuestionable, pero el equipo no puede, bajo ningún concepto, perder una pieza, desordenarse o quebrar su equilibrio. Partimos de principios ofensivos claros. Analizamos cómo se organiza el rival sin balón en distintas situaciones para definir estructuras de inicio que nos permitan interpretar el juego y detectar el momento adecuado para desajustar su defensa. La base es respetar la organización táctica del equipo sin limitar la aportación individual.

Habrá situaciones en las que determinadas jugadoras marquen diferencias, pero siempre dentro de una estructura que se mantiene estable, también tras pérdida: la cobertura es responsabilidad del conjunto, no de una sola futbolista. Esa es la norma: respetar nuestro ADN y dar libertad para la creatividad y fomentarla, pero dentro de un sistema y de un estilo de juego. Este planteamiento se concreta en dos cuartetos de referencia: uno de perfil más técnico y otro más físico. Según el contexto del partido, habrá fases de mayor exigencia física y otras en las que predomine lo técnico; por eso, debemos ajustar continuamente el equilibrio entre ambos.

Nuestro análisis revela que los equipos con mayor eficacia en la finalización fueron los que llegaron más lejos en la competición. ¿Qué recursos utilizó para entrenar esa eficacia de cara a portería?

Trabajamos con lo que denominamos «método situacional», es decir, trasladar situaciones reales de partido al entrenamiento. Diseñamos muchos ejercicios en espacios reducidos (2 contra 2, 3 contra 3, 4 contra 3, 1 contra 1, 2 contra 1 y ejercicios de ataque contra defensa en zonas de entre 15 y 20 metros) para desarrollar el juego ofensivo y la finalización. A este modelo lo llamo «ataque fulminante».

No tiene sentido prolongar la posesión en campo propio cuando el gol se define en los últimos diez metros. Debemos encadenar acciones que provoquen el repliegue del rival y nos permitan finalizar los ataques. Por eso trabajamos con el método situacional, con numerosas secuencias de 2 contra 2, 3 contra 2 y 3 contra 1, combinadas con circulación, ruptura de líneas y definición. Es difícil defender un desmarque; es más sencillo frenar una conducción que controlar un movimiento sin balón.

No tiene sentido prolongar la posesión en campo propio cuando el gol se define en los últimos diez metros. Debemos encadenar acciones que provoquen el repliegue del rival y nos permitan finalizar los ataques.

En varios de los goles de Brasil, la amenaza principal estuvo en las jugadoras sin balón, más difíciles de controlar que la jugadora que conducía la pelota. Buscábamos que esas jugadoras se movieran con rapidez, generaran desmarques, atacaran los espacios y ofrecieran líneas de pase. Es un comportamiento que resulta determinante en la construcción ofensiva en bloque. Lo denominamos el «tercer elemento»: el primero es el pase; el segundo, la receptora; y el tercero, una jugadora que no interviene directamente en esa acción inicial. Este tercer elemento suele quedar fuera de la atención defensiva. El rival centra su atención en el primer y segundo elemento, pero el tercero introduce el factor sorpresa, y así conseguimos anotar muchos goles.

Este mecanismo fue determinante porque nos permitía organizar el ataque y, al mismo tiempo, estructurar la defensa. Planteábamos enfrentamientos individuales directos para que la defensa aprendiera a neutralizar nuestro ataque, que era muy exigente. En estas situaciones de entrenamiento se generaban pocas ocasiones, señal de que la defensa funcionaba. Cuando eso ocurría, las jugadoras de ataque tenían que encontrar otras soluciones. Siempre insistíamos en que había que endurecer los entrenamientos para que los partidos resultaran más sencillos. Elevamos la exigencia en el trabajo previo para que, durante la competición, las jugadoras resuelvan distintas situaciones con mayor claridad.

Cuando estructuro el ataque, parto del análisis de la defensa rival. En Brasil lo llamamos la «perspectiva en espejo»: al definir nuestra organización defensiva, ya tengo identificadas las fortalezas ofensivas y el planteamiento táctico del oponente. A partir de ese análisis, utilizamos el vídeo [del rival] para diseñar entrenamientos que aporten a las jugadoras los criterios necesarios para tomar decisiones óptimas.

Durante la competición: gestión del grupo, observaciones y trabajo en la portería

¿Cómo estructuró la gestión del grupo durante la competición?

Fueron 48 días de concentración, desde la primera sesión de entrenamiento hasta el día de la final, el 7 de diciembre. Para mí, lo más importante fue cuidar el ambiente del grupo. Un buen clima interno mantiene los egos bajo control y evita que aparezcan exigencias individuales de minutos o protagonismo.

Tuvimos varias reuniones para armonizar el trabajo físico, técnico y táctico con el día a día del grupo. Transmití a las jugadoras que el principal rival de la selección brasileña era la propia selección, en el momento en que lo individual se impusiera sobre lo colectivo. Esa era la principal amenaza.

Nos reuníamos con las jugadoras cada tres días, de forma individual y por líneas —porteras, alas y pívots—, para saber cómo se encontraban y ver cómo evolucionaba el trabajo, también en el plano cognitivo. La prioridad, en todo caso, era conservar un buen clima de grupo que favoreciera la convivencia y el entendimiento en la pista. No es sencillo pasar 50 días con catorce jugadoras de élite sin que aparezcan tensiones o problemas de disciplina, y la capacidad para gestionarlo resultó decisiva en el resultado final.

El conocimiento y la ciencia son determinantes, pero no se traducen en buenos resultados si no existe un entorno colectivo adecuado ; en ese sentido, la respuesta del grupo fue sobresaliente. En muchas ocasiones, las jugadoras dejaron de lado el ego para ayudar a sus compañeras, con la idea clara de que lo importante era el equipo, no el rendimiento individual. Su comportamiento, en ese aspecto, fue ejemplar. Entendieron el mensaje del cuerpo técnico y de la CBF.

Desde fuera pudo parecer un camino sencillo, pero no lo fue. Probablemente, uno de los mayores aciertos del cuerpo técnico fue preservar la armonía del grupo durante todo el proceso. Generamos un entorno abierto, en el que las jugadoras podían expresarse y aportar críticas constructivas desde el respeto. Ese clima resultó determinante para alcanzar la final y conquistar la primera Copa Mundial.

El verdadero reto es conseguir que cada jugadora se sienta integrada y cómoda dentro del grupo. ¿Está de acuerdo?

Ese es, sin duda, el gran reto. En la selección brasileña reunimos a cinco o seis de las mejores jugadoras del mundo: Luciléia, Amandinha, Emilly, Camila… y algunas más. Débora, para mí, también está entre ellas. Cuando tienes seis o siete jugadoras de ese perfil, el reto consiste en lograr convencerlas de que acepten jugar cuatro minutos y luego dejar el puesto a otra compañera.

Tenían que entender que, en cada momento, el quinteto en pista era el que mejor podía ejecutar el plan desde el punto de vista físico, técnico y táctico. Lo asumieron muy bien y no tuvimos problemas en ese sentido. ¿Por qué? Porque generamos un ambiente distendido y armonioso, con jugadoras que querían ganar. Esa cohesión resultó decisiva tanto para el desarrollo del trabajo como para el resultado final.

Mencionó antes que uno de los criterios de selección fue contar con jugadoras ganadoras y con experiencia. ¿Por qué consideraba tan importante ese perfil?

Como decía, por ejemplo, Luciléia tiene 43 años. Ha ganado todo: la liga italiana, la Copa América, el campeonato mundial universitario de futsal... todo lo que se puede ganar. Amandinha ha sido elegida mejor jugadora del mundo ocho veces y Emilly, dos. Son jugadoras acostumbradas a ganar. Es cierto que, cuando se acumulan tantos títulos, puede aparecer cierta relajación. Surge la sensación de haberlo conseguido todo (ligas en distintos países, competiciones internacionales) y eso puede afectar al grado de exigencia.

Conocíamos bien a estas jugadoras y sabíamos que querían ser campeonas del mundo. Cuando hablábamos con ellas, se les notaba en la mirada: querían ese título. Era el único que faltaba en sus carreras. Por eso se volcaron por completo; por ellas, sí, pero sobre todo por Brasil. Después de diez años en la selección y 26 años de trabajo en el fútbol femenino, sabemos de lo que son capaces estas jugadoras cuando se centran en un objetivo común.

Incluso tras haber ganado casi todo, mantienen un nivel muy alto cuando se implican, y su rendimiento fue sobresaliente en todos los aspectos del juego. Ese compromiso fue determinante en nuestro éxito.

¿Podría detallar el papel de las porteras y su influencia en el funcionamiento del equipo, con y sin balón?

Dudamos entre llevar dos o tres porteras, pero entendemos que el futsal actual exige perfiles completos: ya no basta con parar o con tener un buen juego de pies, es preciso dominar ambas facetas. En Bianca y Júlia, que fueron las elegidas, encontramos ese equilibrio, con Bianca como la más experimentada.

En 2015 fue mi tercera opción en el campeonato mundial de Guatemala, y la evolución que ha tenido en estos diez años ha sido magnífica. Es fiable en la portería, transmite seguridad al equipo y se incorpora con criterio al juego con los pies. Júlia presenta características similares: maneja bien el balón con los pies y aporta altura, un recurso valioso ante el creciente uso del juego aéreo y los envíos al área. En determinados contextos del partido necesitábamos una jugadora con ese corte.

Desde el cuerpo técnico, junto con Alexandre, el entrenador de porteras, consideramos que ambas reunían todas las cualidades necesarias: capacidad para actuar como quinta jugadora, participar en la circulación, superar líneas con el balón en los pies y sostener la organización defensiva. Bianca es una líder, y Júlia también. Entiendo que las dos cumplen con lo que buscamos en una guardameta, dentro y fuera de la pista, y el grupo las reconocía como referentes. Asumimos un riesgo, porque una lesión podía dejarnos con una sola portera, pero opté por llevar dos y añadir una pívot, dado nuestro carácter ofensivo. Y no nos equivocamos.

Ambas rindieron estupendamente y la apuesta salió como esperábamos. Encajamos cuatro goles en seis partidos, menos de uno por encuentro. Dos llegaron tras desvíos, uno a balón parado y el otro no lo recuerdo. Fueron mérito del rival, en ningún caso hubo responsabilidad directa de nuestras porteras.

El futsal es un deporte muy dinámico, con cambios de ritmo constantes. ¿Qué indicaciones traslada al equipo en momentos como el descanso o un tiempo muerto?

La final se jugó un domingo a las 19:00 h. Dimos una charla al equipo el día anterior y el mismo domingo por la mañana realizamos una sesión de activación. A esto lo llamamos «charla en vivo». Mostramos vídeos con los movimientos del rival, sus fortalezas y sus debilidades, para preparar al equipo. Lo más importante es que las jugadoras salgan a la pista sabiendo qué tienen que hacer. Por ejemplo, prestamos especial atención a la portera-jugadora rival. Encajamos un gol (creo que fue ante Japón) cuando ya ganábamos 5-0: el disparo dio en el larguero, rebotó en la espalda de Júlia y entró. No fue un problema de marcaje. Hay que tener en cuenta que Portugal jugó con portera-jugadora durante doce minutos y España durante siete, y no encajamos ningún gol en esas situaciones. Eso refleja el trabajo previo y la solidez de nuestra estructura defensiva. Teníamos seis jugadoras preparadas para defender en este contexto;

sabían qué esperar del rival y conocían bien sus virtudes. ¿Qué hago entonces en un tiempo muerto o en el descanso? En los tiempos muertos, priorizo siempre la organización defensiva. Son momentos clave, tanto si los solicitamos nosotros como el rival, porque permiten reajustar la estructura, corregir detalles o introducir a una jugadora que nos aporte algo distinto.

Los tiempos muertos son momentos clave, tanto si los solicitamos nosotros como el rival, porque permiten reajustar la estructura, corregir detalles o introducir a una jugadora que nos aporte algo distinto.

Tomemos el caso de Portugal. Gran parte de su juego gira en torno a la pívot. Por eso insistíamos en que, cuando el balón estaba en la banda derecha, la jugadora del lado opuesto debía replegarse para ayudar a cubrir a la pívot y cerrar la línea de pase. En estas intervenciones retomamos aspectos ya trabajados en los entrenamientos y, después, abordamos brevemente el ataque. Si hay que hacer alguna corrección, la planteamos en el ámbito colectivo. No señalamos a ninguna jugadora delante del grupo; si es necesario, hablo con ella aparte. No me gusta exponer a las jugadoras delante de las demás. Cuando hay que corregir algo, lo hacemos como equipo.

Si una jugadora tiene dificultades durante el partido o hace algo que no hemos trabajado, la llamamos para darle indicaciones. En el descanso, además, incido en el aspecto cognitivo: planteo preguntas. «El rival está recurriendo mucho al juego aéreo. ¿Cómo lo gestionamos?». Entonces señalo a una jugadora, a Débora, por ejemplo: «Míster, lo resolvemos cerrando la banda opuesta».

Buscamos que el grupo reflexione. No sirve de nada que el entrenador hable y las jugadoras miren al suelo; hay que implicarlas. Priorizamos la defensa en esas intervenciones y, después, organizamos el ataque. Siempre empiezo por la defensa y luego paso al ataque. 

Además, contamos con estructuras definidas para situaciones específicas. Por ejemplo, ante una falta cercana al área, ya teníamos asignadas las jugadoras responsables de defenderla; si era a favor, también estaba definido el cuarteto encargado de ejecutarla. Lo mismo ocurría en la defensa ante la portera-jugadora. Efectivamente, como planteaba en la pregunta, el juego es muy dinámico. Por eso, resulta fundamental tener en la pista a las jugadoras y al equipo más adecuado para cada contexto. Estas situaciones se entrenan previamente, de modo que en competición cada jugadora conoce su misión, como quién defiende a la portera-jugadora o quién asume la marca de la futbolista más determinante del equipo rival. De ese modo, conseguimos limitar los problemas.

Con la vista puesta en el futuro: creación de un legado

¿Cuáles son las principales lecciones para su equipo tras alzarse con el título en esta competición? Y, en un plano más amplio, ¿qué enseñanzas deja para el futsal?

Es una pregunta compleja. Si tuviera una respuesta definitiva, probablemente merecería un Nobel. Pero hay algunas ideas claras. Por ejemplo, contamos con siete u ocho jugadoras que superan los 34 o 35 años. Esto significa que, en la Copa Mundial de 2029, probablemente solo sigan una o dos. Por tanto, el legado pasa por construir un nuevo grupo de jugadoras con mentalidad ganadora que dé continuidad a este maravilloso conjunto. Hablamos de un proyecto de cuatro años, centrado en dar oportunidades a jugadoras en progresión, con capacidad técnica y táctica, que entiendan el modelo de juego y que además tengan mentalidad ganadora.

Nos hemos proclamado campeonas del mundo, lo cual es maravilloso, pero ahora toca mirar a la siguiente generación. No podremos contar con las mismas jugadoras dentro de cuatro años. Algunas tendrán más de 40, y no sabemos cuál será su nivel competitivo. Por eso, el objetivo es consolidar una cultura que facilite la transición. Debemos trabajar con las categorías sub-23, sub-20 e incluso sub-25, con jugadoras que ya tengan desarrolladas las capacidades cognitivas, que sepan tomar decisiones, que compitan para ganar y que destaquen en sus clubes tanto por resultados como por visibilidad, para poder darles oportunidades.

El paso del club a la selección no siempre es inmediato. Algunas jugadoras encuentran dificultades en esa transición, por lo que es necesario generar un entorno que favorezca su integración progresiva durante el ciclo que nos llevará hasta el Mundial de 2029. Al mismo tiempo, el futsal continúa evolucionando. El principal cambio depende de nosotros, de los profesionales (entrenadores y responsables deportivos), porque cuando la gestión es adecuada, como en este caso por parte de la CBF y, en particular, de la FIFA, con una organización excelente del Mundial, todo fluye mejor.

Tenemos que profundizar en la ciencia y en nuevas metodologías de enseñanza. El futsal actual exige comprender un juego cada vez más dinámico, tanto en la toma de decisiones como en el rendimiento.

La CBF cubrió todos los aspectos logísticos, la alimentación, todo. No hubo fallos, y los responsables del futsal nos dieron además pleno respaldo.

Si contamos con gestores y profesionales competentes en la cantera de los clubes y en el desarrollo de nuevas jugadoras, debemos reforzar aún más la formación para entender los métodos con los que vamos a trabajar. Tenemos que profundizar en la ciencia y en nuevas metodologías de enseñanza. El futsal actual exige comprender un juego cada vez más dinámico, tanto en la toma de decisiones como en el rendimiento. Debemos hacer del juego algo atractivo, como se vio en la selección brasileña.

Todo esto requiere tiempo. Por eso necesitamos gestores y profesionales cualificados, junto al cuerpo técnico, y, por encima de todo, jugadoras de primera categoría. Esa combinación de gestión, conocimiento y talento es el futuro del futsal, no solo en Brasil, sino en todo el mundo: se aprecia un crecimiento sostenido en Argentina, Portugal, España, Europa del Este, Asia, Oceanía y África (por ejemplo, en Marruecos, donde avanza con fuerza). El siguiente paso es consolidar ese desarrollo e incorporar nuevos países, como Estados Unidos, Alemania o Inglaterra, con capacidad de inversión. Este impulso será determinante para el crecimiento del futsal desde la base hasta la élite.

Ganar un Mundial ya es algo excepcional. Pero ganar el primero lo es aún más. ¿Qué supone para usted y para sus jugadoras?

[Sostiene la medalla] No pienso soltarla. La llevo en la mochila desde que la gané y me acompaña a todas partes. Esta medalla de la FIFA se queda conmigo para siempre. Habrá otras selecciones que ganen el Mundial, pero la selección brasileña fue la primera, y eso la hace única. Es un logro enorme para todos nosotros. Este título no se entiende desde lo individual, sino desde el equipo. Les transmití a las jugadoras que ganar era importante, pero también hacerlo con valores, respetando siempre al rival.

Ganamos el Premio Fair Play de la FIFA. Fuimos el equipo con menos faltas y menos tarjetas. Para nosotros, eso tiene un gran significado. El respeto debe estar presente tanto en la victoria como en la derrota; forma parte de nuestra identidad. Porque, más allá del resultado, lo verdaderamente importante es saber ganar. No se trata solo de imponerse, sino de hacerlo bien. Y, del mismo modo, también hay que saber perder.

Por eso, allá donde voy, me siento orgulloso de representar no solo mi trabajo, sino el de la selección brasileña y el de las organizaciones que impulsan el crecimiento del futsal femenino. La FIFA dio un paso decisivo al organizar esta primera Copa Mundial, y estoy convencido de que vendrán muchas más. Intentaré ganar la segunda, pero la primera ya es nuestra, es de Brasil.

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